"La Pecosa De Ojos Verdes"
Tras recalar en Ecuador, el periodista elgoibartarra Jairo Berbel se enamoró de la joven activista a favor de los derechos de los más desfavorecidos Yulexi Chévez, enferma de cáncer. Tras ocho intensos meses de relación la joven falleció. Ahora, Jairo trabaja en un documental y en una novela para inmortalizar la vida de Yulexi.
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El periodista guipuzcoano, Jairo Berbel, llegó a Ecuador en busca de una oportunidad laboral que en España se antojaba imposible. Allí se enamoró de Julexi Chévez, reconocida activista social por la lucha de los derechos de las personas desfavorecidas. Tras su muerte a raíz de un cáncer que arrastraba desde niña, el cámara busca dar continuidad al trabajo que la joven promovió en vida.
Berbel ya trabaja en una novela, documental y película que recojan la vida y obra de la llamada ‘Reina de Corazones’.
En un país en el que se presume de que “la salud ya es de todos”, Julexi quiso hacer ver que “solo es de todos los que tienen dinero”, asegura el que fuera su compañero sentimental.
El periodista elgoibarrés Jairo Berbel Monreal junto a su novia Julexi Chévez Vélez en Ecuador.
Al periodista elgoibarrés de 25 años, Jairo Berbel Monreal, Ecuador le ha cambiado la vida. Hace algo más de un año que llegó a Quito en busca de una oportunidad laboral
que le permitiera desarrollar su carrera y vivir de ella, algo que
sigue siendo complicado un año después en España. Allí, entre volcanes,
ha conseguido mucho más que un trabajo acorde a sus estudios. El
periodista se enamoró de Julexi Chévez Vélez, una reconocida activista
en el país por su lucha a favor de los derechos de las personas más
desfavorecidas y enfermos de cáncer. Ambos vivieron una relación de ocho
meses que fue interrumpida el pasado mes de septiembre por el
fallecimiento de la joven, que a los 13 años perdió una pierna a causa
de un cáncer de osteosarcoma y que, con apenas 18 años, volvió a
irrumpir en sus pulmones. Julexi, precursora de los desfiles ‘Bionic
Fashion’, populares en Latinoamérica, ostentaba el título de virreina de
la ciudad de Buena Fe, un galardón que obtuvo al quedar segunda
clasificada en un desfile a través del cual quiso demostrar en su región
que “la discapacidad no es incapacidad”.
Jairo conoció a Julexi gracias a su empleo como cámara para la
productora Activa TV, que trabaja para la Secretaría del Buen Vivir del
Gobierno ecuatoriano. “Fue la primera vez que iba a grabar solo. Un taxi
me dejó a las puertas de su colegio y entré a buscarla. Me habían dicho
que estaba enferma, pero no sabía nada de su amputación. Cuando la vi,
nos miramos fijamente, pero yo me quedé embobado. La estuve grabando
mientras recibía reconocimientos por su labor y perseverancia. Hasta que
un hombre me dijo: ‘Pobre chica, sin pierna’ y yo dije: ‘¿Cómo?’ No me
había dado cuenta hasta ese momento, pero tampoco me importó. ¿Qué voy a
hacer? Si esto no se elige… A mí me gustaba”, cuenta el periodista.
A partir de entonces, Jairo la buscó por las redes sociales hasta que
dio con ella. “La gente me decía: ¡No sabes dónde te estás metiendo!
Pero, ¡qué hostias! Yo sí sabía, claro que lo sabía, porque quería
hacerlo”, afirma sobre su determinación para encontrarla. En el mismo
momento que decidió enviarle un mensaje privado a través de Facebook,
recibió otro de ella. “No pudo haber escrito la respuesta porque no pasó
ni un segundo. Sé que es difícil creer, pero fue así y no creo que
fuera casualidad”, asegura. Tras varias conversaciones, el elgoibarrés
quería verla de nuevo, pero reconoce ser “medio patoso” para dar el
primer paso, de modo que fue Julexi quien se atrevió a planteárselo.
“Ella tenía más salero, las chicas de la costa son así”, afirma en
relación al comienzo de una relación que, debido a su enfermedad, contó
con reparos iniciales por parte de su familia, pero que gracias a su
empeño e interés, Jairo consiguió disipar.
En media docena de hospitales se negaron a atender a Julexi
En los ochos meses que pasó junto a la activista social, el cámara
asegura que más de una vez quedó sorprendido por su madurez. “Su familia
y yo no lo estábamos, pero ella estaba preparada para morir”, cuenta
sobre su última etapa de vida, en la que Julexi ya había renunciado a la
quimioterapia porque “quería pasar lo que le quedara fuera del
hospital”. Jairo organizó entonces, junto a toda su familia, un viaje a
la playa. “Fuimos en una furgoneta vieja, con la música alta y pitando.
Ella quería despedirse uno a uno de todos y así lo hizo. Recuerdo que
por la noche hicimos una fogata, era como un símbolo de soltar todo lo
malo y quedarnos solo con lo bueno. Nos tomamos unos cuantos chupitos de
‘caña manaba’ y, entre risas, le prometimos cumplir todos sus
propósitos”, relata Jairo sobre su intención de continuar con las
labores de ayuda a discapacitados y organización de eventos solidarios,
en los que su novia era parte activa como miembro de la Fundación de
Jóvenes contra el Cáncer de Ecuador. Como en el libro El Principito,
“siempre repetía que lo esencial es invisible a los ojos. Ni falta hacía
que me lo diría, lo descubrí nada más verla”.

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